Matrimonio y viudedad (1651-1661)
A los 21 años, el 31 de agosto de 1648, contrae matrimonio por poder (ratificado luego en Sevilla el 18 de enero del siguiente año) con doña Jerónima María Antonia Carrillo de Mendoza y Castrillo, noble dama granadina que había nacido en Guadix en 1628. Los nuevos esposos viven en Sevilla “cuerda y cristianamente” y suelen pasar algunas temporadas en las posesiones que los padres de doña Jerónima tenían en Montejaque, en la provincia de Málaga.

En 1651 Miguel Mañara es nombrado, por cédula real, provincial de la Santa Hermandad en Sevilla y uno de los alcaldes mayores de la ciudad. En razón de este cargo civil hace un viaje a Madrid en 1658 y se dedica a otros menesteres de gobierno ciudadano. Ya en esos años lleva a cabo no pocas obras de caridad y algunas veces frecuenta el eremitorio del Desierto de las Nieves, de padres carmelitas, cercano a Montejaque.
El 17 de septiembre de 1661 muere su esposa, a los 33 años de edad, en el citado lugar de Montejaque. El matrimonio no había tenido hijos.
Impresionado por esa muerte y decidido a dejar las vanidades del mundo y “a dedicarse todo a Dios”, Miguel Mañara se retira por unos días al Desierto de las Nieves donde hace confesión general de sus pecados, y en abril del siguiente año vuelve a Sevilla, dispuesto a dar una nueva dirección a su vida.
Su repentina “conversión” impresiona a toda la ciudad. Lo ven pasear solo, vestido de negro, visitando iglesias y monasterios. En su casa se dedica a la mortificación, a repetidos ayunos y a irse desprendiendo de algunos de sus bienes. Primeramente piensa retirarse a una vida de soledad y de silencio, pero de ello le disuaden sus directores espirituales, aconsejándole que se quede en el mundo para hacer el bien a los demás.
Se inicia su búsqueda de la misión que entendía debía dirigir su vida desde entonces.
