Vida de Miguel Mañara desde su nacimiento a su matrimonio (1627-1648)
Miguel Mañara Vicentelo de Leca y Colona nace en Sevilla el 3 de marzo de 1627.
Su padre, Tomás Mañara, había nacido en 1574 en Calvi, ciudad de la isla de Córcega, perteneciente entonces a la República de Génova. Tomás Mañara hace viajes América y por el 1611 se instala definitivamente en Sevilla, donde contrae matrimonio con Jerónima Anfriano Vicente y se dedica al comercio como “grosario” o “cargador de Indias”. Fue familiar del santo oficio de la inquisición y patrono del colegio de San Buenaventura de los padres franciscanos de la ciudad hispalense.

Su madre, Jerónima Anfriano (1590-1651), nace en Sevilla y sus padres son también originarios de la ciudad de Calvi. Se dedica a la crianza de sus hijos y a los cuidados de la casa y es conocida por su vida de Piedad y por las obras de caridad que realiza.

Miguel es el noveno de los diez hijos del matrimonio, de los que cuatro murieron en muy temprana edad. Como sus hermanos, fue bautizado el mismo día de su nacimiento y recibe el sacramento de la Confirmación en 1629, en la parroquia de San Bartolomé.
Tomás Mañara muere el 29 de abril de 1648, quedando Miguel, que entonces cuenta 21 años, de jefe de la familia. De todos sus hermanos solo quedaban Isabel, casada con el noble D. Juan Gutiérrez de Guzmán, y Ana María, religiosa en el convento de Sta. Clara de Sevilla.
De su infancia, sabemos que Miguel fue educado religiosamente por su madre. En 1635 se le concede el hábito de la orden militar de Calatrava, figurando en su juventud como uno de los caballeros ms nobles y hacendados de Sevilla.

De todo este periodo de su vida la literatura novelesca, desde mediados del siglo XIX, ha pretendido hacer de Miguel Mañara el prototipo del caballero aventurero, espadachín y sacrílego. El testimonio de sus contemporáneos, sin embargo, y los documentos que se conservan de ese mismo tiempo vienen a desautorizar completamente esa opinión.
Es cierto que de joven aparece Miguel como un caballero altivo y un tanto orgulloso. No dejaba por ello de ser “temeroso de Dios”, devoto de la Virgen y del Sacramento del altar, con muestras de una viva fe y de gran confianza en la Providencia, limosnero como sus padres y caritativo. Sabemos de algunos sucesos que le ocurrieron, por ejemplo, cuando se encuentra de noche con un sacerdote que llevaba el Viatico a un enfermo, que muestran a las claras el sentido cristiano que ya entonces le embargaba.
A los 21 años, el 31 de agosto de 1648, contrae matrimonio por poder (ratificado luego en Sevilla el 18 de enero del siguiente año) con doña Jerónima María Antonia Carrillo de Mendoza y Castrillo, noble dama granadina que había nacido en Guadix en 1628. Los nuevos esposos viven en Sevilla “cuerda y cristianamente” y suelen pasar algunas temporadas en las posesiones que los padres de doña Jerónima tenían en Montejaque, en la provincia de Málaga.
