El segundo proceso (1749)
Comenzaba un segundo proceso, el proceso iniciado el 6 de abril de 1749 y se da por terminado el 19 de septiembre de 1754. Después de los trámites y declaraciones de 10 testigos ordinarios y 5 de oficio que responden, además de a las 46 preguntas del anterior, a otras dos nuevas que se añaden. En 1762 se enviaron a Roma los dos procesos ordinarios. Carlos III se interesó por la Causa y se nombró el primer postulador cerca de la Santa Sede: D. José Romano Cortés. De 1769 a 1770 la Hermandad reúne 84 cartas postulatorias de arzobispos, obispos, cabildos catedralicios, superiores generales y ayuntamientos españoles y americanos, que lleva en mano a Roma el Cardenal Solís cuando va al conclave en que saldría elegido Papa Clemente XIV, Al mismo tiempo se presenta “un billete del Excmo. Sr. D. Tomas Azpuri ministro de España, manifestando en él la real protección de S. M. Católica para la Causa del Siervo de Dios”. Se enviaron a Roma esas cartas postulatorias de arzobispos, obispos, ayuntamientos españoles- peninsulares y americanos-y , por fin, el 11 de agosto de 1770 la Sagrada Congregación de Ritos, en congregación ordinaria, determina con sentencia afirmativa el Dubio “An sit signanda Commissio Introductionis Causae”, por la que ésta, una vez que Su Santidad Clemente XIV firmara el Decreto de Introducción el 18 del mismo mes, quedaba oficialmente abierta y establecida, como así ocurrió, cien años después de la muerte de Miguel Mañara. Tres años más tarde la Hermandad y la ciudad de Sevilla dan poder a D. José Romano Cortés para que sea postulador de la Causa en Roma. En junio del mismo año éste comunica a los de Sevilla que el Papa había nombrado ponente y relator de la misma al cardenal Andrés Corsini.
La Hermandad había guardado la dulce memoria del Fundador. Se había hecho una nueva edición de la biografía del P. Cárdenas, al que antes hemos citado, y se tenían presentes sus escritos y su ejemplo. La carta que Miguel Mañara envió a los hermanos de la ciudad de Antequera – una síntesis de su doctrina – se enviaba a las nuevas hermandades y se reeditó “porque la deseaban tener muchos hermanos y personas”.
El Proceso de non cultu es iniciado en Sevilla el 7 de agosto de 1771, y luego de deponer 14 testigos y hecho el reconocimiento del sepulcro, se da por terminado el 20 de junio del año siguiente. Enviado a Roma junto con los escritos que han podido recogerse del Siervo de Dios, es examinado el 2 de agosto de 1775 y aprobada su validez el 17 y 18 de septiembre del siguiente año. Lo mismo se hace con los escritos del Siervo de Dios. Se podía pasar, pues, ad ulteriora, a tenor de la sentencia que entonces pronuncia la Santa Congregación, ratificada seguidamente por el Papa.
El 1 de marzo de 1777 se abre en Roma el Proceso apostólico sobre la fama de santidad, virtudes y fama in genere. Son presentados 6 testigos ordinarios y 2 de oficio, teniendo lugar del 24 de mayo al 7 de julio del citado año. El 23 y 27 de mayo de 1778 eran aprobadas la validez y la relevancia de este Proceso y con ello confirmada oficialmente, primero por Decreto de la Santa Congregación y luego por el del Papa, la fama de santidad, virtudes y milagros in genere del Siervo de Dios.
Al introducir la Causa se había incoado en Sevilla el proceso de non cultu que, una vez concluido, fue enviado a Roma junto a los escritos del Venerable que existían en el archivo de la Hermandad, que fueron aprobados. El camino estaba expedito porque comenzaba el proceso apostólico: era Mayo de 1778 cuando S.S. Pío VI confirmó oficialmente la fama de santidad, virtudes y milagros in genere del Siervo de Dios Miguel Mañara.

Un año antes el rey Carlos III había comunicado al ayuntamiento de Sevilla y a la Hermandad de la Santa Caridad que personalmente se ofrecía “a recomendar la Causa siempre que fuere necesario”. Por desgracia todo se vino abajo cuando, por diferencias de la Corte con Roma, se dio a conocer la Real Orden del mismo Carlos III, de 31 de agosto de 1778, por la que “quedaban suspendidas todas las Causas de beatificación que estuvieran incoadas en Roma y quedaban cesantes sus postuladores«. Con ello se abría el largo compás de espera en la Causa de beatificación del Siervo de Dios.
Pasaron otros veinte y cuatro años de suspensión real en los que la Hermandad no desistió de su empeño. Una vez más el Ayuntamiento de Sevilla de dirigió a la Corte pidiendo el levantamiento del decreto de Carlos III que afectaba a una causa en la que ya había aprobado la Santa Sede los escritos del Venerable y el proceso de non cultu. A esta petición se unió la Hermandad pidiendo incluso a Carlos IV que pusiese este asunto bajo su real protección. Era el mes de diciembre de 1802 cuando S.M. -dice la Real Orden – se ha servido condescender con esta solicitud. Se ha de comenzar de nuevo, en unos momentos convulsos de la Historia de España: la inestabilidad política de los reinados de Carlos IV y Fernando VII, la guerra de la independencia- la propia Hermandad sufrió la rapiña francesa-, la guerra carlista y la falta de recursos en general. Pese a todo ello la Hermandad dio poderes al P. Ignacio Lerdo, prepósito general de la Compañía de Jesús, con la que tanto había colaborado el propio Venerable Mañara, para que buscase en Roma toda la documentación de la Causa y la reiniciase.

En 1802 tanto el hermano mayor de la Hermandad D. Antonio Manso, marques de Rivas, como el ayuntamiento de Sevilla se dirigen de nuevo al rey para que haga lo posible por que se prosiga la Causa, pero nada puede hacerse hasta que en 1846 se nombró nuevo postulador a Monseñor Perilli y se le enviaron diez y seis mil reales para costear los primeros gastos. El nuevo pide que de nuevo le manden de Sevilla toda la documentación para que puedan ser reexaminados los Procesos anteriores. Documentos que no había en Sevilla porque todos se habían enviado a Roma en su momento. En Roma había muchos documentos de la Causa, pero en la traslación que hizo Napoleón de los archivos a París (saqueo de Roma) padecieron extravío gran cantidad de ellos, y que por lo tanto se hacía imprescindible la nueva remisión de la documentación. Creyendo todos en la total perdida de documentos, la Hermandad fue invitada a recoger el dinero sobrante de aquellos diez y seis mil reales que en su día enviara a Roma. Ya no servían para nada. Quizá el cabildo más triste que ha celebrado la Santa Caridad desde la muerte del Fundador fue este del 17 de febrero de 1850, en el que pidió la devolución del sobrante, añadiendo que: «…sin que se crea que la Hermandad desiste del santo objeto que se propuso al pedir la beatificación de nuestro Venerable Fundador y que por el contrario ha de continuar las diligencias si la adquisición de documentos que hoy no existen y las circunstancias de la Causa lo permiten«.
Diez años más tarde los de Sevilla nombran una nueva junta de beatificación, que tampoco hace adelantar el proceso.
No obstante no se desistió, como a continuación veremos.
ORACIÓN
Dios y Señor mío: Por aquella caridad tan heroica que infundiste en el corazón del Venerable Miguel Mañara, te suplico me concedas la gracia de que renazca entre los católicos el mismo espíritu de fe, de humildad y amor que animó a tu fiel Siervo para que así como el se santificó en el ejercicio de estas virtudes así nos santifiquemos todos y yo además consiga la gracia de …. Cuyo favor espero confiado principalmente en tu divina bondad y en los méritos infinitos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
(Se suplica a los fieles que obtuvieren alguna gracia extraordinaria por la intercesión del Venerable se dignen ponerlos en conocimiento del Hermano Mayor de la Santa Caridad, calle Temprado 3, 41004 Sevilla.
E-mail: santa_caridad@yahoo.es)
