La causa de beatificación

LA CAUSA DE BEATIFICACIÓN

A cualquiera que conozca la vida y la muerte de Miguel Mañara, le sorprenderá el hecho de que, después de más de trescientos años de su fallecimiento, aún no haya sido beatificado.

Amó a Dios y a los pobres -sus Amos y Señores los llamaba- hasta el extremo, y con ellos vivió y murió. En vida lo tenían por santo. Realmente aquél día nueve de Mayo de 1679 cuando, a las tres de la tarde y mientras los presentes rezaban el Credo, murió el Siervo de Dios, todos sabían que había muerto un santo.

¿Por qué no ha sido aún beatificado? Al poco de su muerte se instaba a la Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo para que iniciara prontamente el proceso de beatificación, y así contar con testimonios recientes. Porque todos lo sabían. Muchos besando sus restos y otros, como su confesor y biógrafo el jesuita P. Cárdenas, besando sus manos y pies mientras decía: Venérote como cuerpo santo .

Hubo que cerrar las puertas del Hospital para contener a la muchedumbre que quería volver a ver al Padre de los Pobres. El Cabildo catedral celebró sus honras fúnebres, y todas las religiones ofrecieron sufragios por él. Y a los siete meses de su muerte, su amigo el arzobispo D. Ambrosio Spínola autorizó el traslado de su cadáver bajo el presbiterio de la iglesia de San Jorge.

El primer proceso

La historia   de la Causa del Siervo  de Dios Miguel Mañara es verdaderamente extraña  y  singular.  Al ocurrir su muerte, sobrevenida el 9 de mayo  de  1679, la fama  de  santidad  era  tan  viva y  reconocida  por  todos que  un  año  escaso  después  se  empezó  en  Sevilla  el  proceso  ordinario informativo (del  27 de julio  de  1680 al 3 de agosto  de  1682),  en  el  cual declararon 20 testigos,  todos  “de  visu”.  Una vez firmado  y  sellado,  y sin que  por  entonces   se  hicieran  nuevas  providencias,  quedó archivado en el palacio  episcopal  de  Sevilla. Como se ve la opinión era unánime. 

Pasaron cincuenta y un años sin que ni la autoridad eclesiástica ni la propia Hermandad impulsaran la Causa de Beatificación y la presentasen en Roma, posiblemente en cumplimiento de las disposiciones de S.S. Urbano VIII, confirmadas por S.S. Benedicto XIV de dejar pasar cincuenta años antes de elevar las causas a la Santa Sede.

En 1733, a instancias  del hermano mayor de  la  Caridad,   se  vuelve  sobre  el  mismo  y como  primera providencia se mandan buscar las informaciones hechas  en el proceso de 1680. Se inició la búsqueda en el archivo del Marqués de Paradas a cuya costa se habían cargado sus gastos. No encontrándolo, se investigó en el propio archivo de la Hermandad y en el del palacio Arzobispal, donde efectivamente se hallaba. De ellas se da  un  traslado a los hermanos de la  Hermandad, fue reconocido notarialmente y guardado en la secretaría del palacio arzobispal para ser usado posteriormente.

Fernando VI

Solo en 1739  tanto la  Hermandad como  la  ciudad de  Sevilla, a través del Cabildo, logran que  se interese por la  Causa  el  rey Fernando VI,  quien dicta  una  Real Orden  para  que  pueda seguirse el Proceso  en  Roma, concediendo que los trámites y gastos que se ocasionaran se hicieran pasar a su real nombre y pidió a S.S. Benedicto XIV que se iniciara el proceso. La petición hizo efecto y el Papa accedió a que se remitiera a Roma.  Es entonces ministro  español   en la  Corte  romana  Monseñor   Clemente de  Aróstegui, quien sobre  ello,  presenta una súplica a  Su  Santidad  en  nombre del  rey de España.

Sin embargo, la petición fue mal  presentada, ya  que  el 22 de abril de aquel  año  el  Papa  Benedicto XIV  ordenaba al  arzobispo de  Sevilla  que instruyera un  proceso “authoritate sua  ordinaria super fama  virtutum et  miraculorum,  et  confectum ad  Sanctam  Sedem  transmittat”,   como si  semejante  proceso  no  se  hubiera realizado  ya  60  años  antes; pero tampoco   en  Sevilla tenían  ideas   más  claras,  pues recibido el  Decreto el rey lo  manda despachar al  Ordinario de  Sevilla  para que se  lleve a efecto.

ORACIÓN

Dios y Señor mío: Por aquella caridad tan heroica que infundiste en el corazón del Venerable Miguel Mañara, te suplico me concedas la gracia de que renazca entre los católicos el mismo espíritu de fe, de humildad y amor que animó a tu fiel Siervo para que así como el se santificó en el ejercicio de estas virtudes así nos santifiquemos todos y yo además consiga la gracia de …. Cuyo favor espero confiado principalmente en tu divina bondad y en los méritos infinitos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén

(Se suplica a los fieles que obtuvieren alguna gracia extraordinaria por la intercesión del Venerable se dignen ponerlos en conocimiento del Hermano Mayor de la Santa Caridad, calle Temprado 3, 41004 Sevilla.

E-mail: santa_caridad@yahoo.es)