La nueva Iglesia (1666-1670)

Con las primeras limosnas que recibe, inicia en ese mismo año la construcción de la nueva iglesia en el solar de la antigua capilla de San Jorge. Finalizada la obra el 16 de marzo de 1670, seria inaugurada solemnemente el 16 de julio de 1674. En ella colaboran, por lo que se refiere al retablo mayor, a las capillas laterales y a las pinturas que la adornan, maestros de talla universal como Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Valdés Leal, Bernardo Simón y Juan Roldán. Todo lo daba el Siervo de Dios para la grandeza y mayor honra de Dios, nuestro Señor.
Poco a poco va ampliando también el hospicio y a principios de 1672 propone a los hermanos la construcción de una nueva enfermería, que serviría de principio para el futuro hospital. Por este tiempo suelen reunirse a veces más de 500 pobres y peregrinos y se atendía a 20 enfermos incurables, que no eran admitidos en los demás hospitales. El 14 de junio del siguiente año, sus “muy amados señores y hermanos los pobres” tomaban posesión de la nueva enfermería, trasportados en brazos por el Siervo de Dios y hermanos de la Caridad. El 6 de enero se había podido decir la primera misa en el nuevo hospital; ya eran 50 las camas que había y éstas irían aumentando en adelante.

Como fuera extendiéndose la fama de la Caridad de Sevilla y de la obra que iba realizando Miguel Mañara, a ella se fueron afiliando no pocas Hermandades de las ciudades vecinas: las de Utrera (1667), Cádiz y Carmona (1670), Gibraltar (1671), Coria del Rio (1673), Rota y Marchena (1674), Antequera y Ayamonte (1675) y villa de Fuentes (1677).
A alguna de ellas, por ejemplo a la de Antequera, escribiría largas cartas el Siervo de Dios, auténticos documentos sobre la caridad cristiana.
En 1673 él mismo instituye en el hospicio los Hermanos de Penitencia, una especie de pía unión religiosa, dedicada al servicio de los enfermos y de los pobres que se recogían. La pía unión es aprobada por el vicario de la diócesis hispalense el 9 de noviembre del mismo año.

Poco a poco, con las grandes limosnas que iba recibiendo y con lo que iba aportando de su propio patrimonio (que algunos calculaban en unos 20.000 ducados de renta al año), se fue convirtiendo en el gran limosnero de la ciudad. Desde 1671 a 1679 vino a repartir entre los pobres -de los que llevaba listas distribuidas por barrios, parroquias y conventos- la considerable suma de 5.818,113 reales de vellón. En la peste que aqueja a la ciudad en 1678-79 sabemos que repartió más de 100.000 ducados; de 18.000 a 20.000 eran las raciones de pan que solía distribuir entre los pobres en cada sesión. No pocas veces eran donantes desconocidos quienes ponían en sus manos sumas de gran importancia. Personalmente, y en manera reservada y secreta, ayudaba a personas vergonzantes de la ciudad, daba dinero para dotes de doncellas pobres o que podían estar en peligro y a las que deseaban entrar de religiosas. Las mismas autoridades públicas recurrían a veces a Miguel Mañara para que realizara, en su nombre, obras externas de beneficencia.
Gran ayuda prestó asimismo en las dos grandes misiones que se hicieron en Sevilla en 1672 y 1679, bajo la dirección del P. Tirso González, S. J.
A la labor que realizara con la Hermandad se debía, en gran parte, la conversión y la recepción del bautismo de numerosos de los entonces denominados “moros” de la ciudad.
