La Santa Caridad antes y después de Miguel Mañara

La antigua Hermandad: Los orígenes

En sus orígenes la hermandad se ocupaba de darle cristina sepultura a los restos mortales de los condenados y a los de aquellos que morían ahogados en el río; con la llegada del Venerable Miguel Mañara se transforma en una institución que ayuda y cuida a los más necesitados, alimentándolos y dándoles un techo, dotado de un hospital para enfermos terminales.

Se tiene conocimiento de la hermandad de la Santa Caridad desde 1456, con la muerte de Don Pedro Martínez de la Caridad, quién tuvo la deferencia de legar unos fondos para que sus hermanos pudieran darle sepultura a los restos mortales de los ajusticiados. La hermandad en sus albores, tenían la finalidad de acompañar al patíbulo a los condenados a muerte para darles el consuelo de la fe y hacerse cargo de sus cuerpos así como recuperar los cadáveres de las personas ahogadas en el río o fallecidas en las frecuentes epidemias de la época y darles una digna y cristiana sepultura.

Esta historia, está avalada por un decreto del Rey Felipe V, en el que se le conceden a la Hermandad de la Santa Caridad los mismos privilegios que tenía atribuidos durante los reinados de Enrique IV (1454-1474), los Reyes Católicos y la Reina Juana. En principio, la finalidad de la hermandad era recuperar los cuerpos de las personas ahogadas en el río y la de los fallecidos debido a las grandes epidemias de los Siglos XV y XVI, para darles digna sepultura. La ceremonia consistía en recoger los restos mortales el viernes anterior a la Semana Santa, llevarlos hasta la iglesia de la Hermandad, y, al día siguiente, trasladarlos a la Catedral donde se celebraba el funeral. En aquella época existían dos figuras que podríamos definir como dos “alcaldes” uno de la ciudad y otro por cada barrio, como el de la carretería, donde se encuentra la Hermandad.

Se tiene certeza de la existencia de los hermanos desde el año 1565 en que empiezan a registrarse por escrito, probablemente con la incorporación del primer escribano a la Hermandad. Esto no excluye la presencia de los mismos con anterioridad.

La primera Regla de la Hermandad data de 1578, pero existía de hecho  desde hacia mas de un Siglo, es decir, coincidiendo con la fecha de fundación de la Santa Caridad.

El Venerable Miguel Mañara y la Santa Caridad

Miguel Mañara, tras un profundo proceso personal, comprendió lo efímero de lo terrenal y decidió abrazar la vida religiosa retirándose como ermitaño a la sierra de Ronda. Después de varios meses transcurridos en soledad, templado por la practica de ascetismo, volvió a Sevilla como hombre profundamente renovado, dispuesto a llevar a cabo una labor grata a Dios y a satisfacer las exigencias de su conciencia.

En aquel tiempo descubrió el trabajo silencioso y humilde llevado a cabo por la Hermandad de la Santa Caridad e insistió para ser acogido como hermano. Consciente de las penurias y dificultades de los mas humildes empezó a proponer fórmulas para el auxilio de los desheredados que, si bien compartidas por los demás hermanos, no eran realizables con los medios de la hermandad.

Elegido Hermano Mayor en 1663, cargo que ostentaría hasta la muerte, promovió primero el hospicio y finalmente el hospital de la Santa Caridad.

Gracias a su humildad, determinación y gran capacidad, Miguel Mañara le dio un gran impulso al trabajo de la Hermandad redactando un nuevo reglamento y construyendo la iglesia de San Jorge y el hospital; convirtiéndose en el refundador de la hermandad de la Santa Caridad.

A su muerte, el 9 de mayo de 1679, la ciudad de Sevilla estuvo de duelo y a partir de 1680, a petición del Arzobispo de Sevilla, empezó el proceso para la beatificación. Miguel Mañara fue declarado venerable por San Juan Pablo II el 6 de julio de 1985.

La Santa Caridad con Miguel Mañara

El 10 de diciembre de 1662, Miguel Mañara ingresa como hermano en la Caridad, un hecho que cambiara sustancialmente a la Hermandad de la Caridad, transformándola y dándole un impulso que sigue siendo fundamental aún en nuestros días, después de más de 350 años.

Entre las obras de la Hermandad de la Santa Caridad, Miguel Mañara elige acompañar los fallecidos al cementerio. La hermandad de la Santa Caridad se hacia cargo del ataúd del difunto y de arreglar el nicho donde se enterraban los restos mortales.

Mas, como se ha dicho, Miguel Mañara transforma las funciones de la Hermandad de la Santa Caridad llevándola de ser una institución que conforta a condenados y recoge cadáveres para darles cristina sepultura, a ser una hermandad que se ocupa de los mas necesitados. De hecho, poco después de su llegada, Miguel Mañara empieza a cuidar a aquellas personas que estaban en la mayor indigencia y que precisaban mas ayuda y apoyo.

Lo primero que hace Mañara  es pedir que se le conceda seis naves de las reales atarazanas que había mandado edificar el rey Alfonso X de Castilla en 1252 para la construcción de galeras en unos terrenos fuera del recinto amurallado y muy cerca del Guadalquivir. Las obtiene como condonación de una deuda que tenía con su familia; de hecho, la placa fundacional del astillero medieval se encuentra en la sala de cabildos baja de la Caridad.

Crea un fuego de brasas que permanece encendido toda la noche, abre las puertas del hospicio a las 19:00 horas y las cierra a las 8:00 de la mañana. De esta manera, todas las personas sin techo podían encontrar refugio para pasar la noche.

Sin embargo, los pobres tienen otra necesidad fundamental, la de alimentarse. Así crea el comedor y sucesivamente un hospital para enfermos terminales, que ningún otro hospital quería acoger.

En sustancia, Miguel Mañara le cambia la piel a la hermandad, la transforma profundamente y la convierte en una caridad para los vivos a favor de los mas necesitados e indigentes y no solo encaminada a honrar a los difuntos.

Para el Hospital alquila los espacios al rey que era su propietario. El hospital llega a acoger hasta 500 enfermos.

Para perpetuar su mensaje, Mañara encargó cuadros de inestimable valor a los grandes autores de la época, como Murillo, que era amigo de la infancia, Valdés Leal y Roldán. En la iglesia del Señor San Jorge se reúnen las pinturas de las postrimerías de Valdés Leal, los cuadros de Murillo sobre las obras de caridad, cuatro de los cuales fueron robados por los franceses, siendo sustituidos hace unos años por copias idénticas; o el gran retablo de Bernardo Simón de Pineda, con tallas de Roldán y bajo relieve de Valdés Leal.

Se calcula que cerca de cien mil acogidos han pasado por la casa en sus cerca de 400 años. Un legado de caridad y arte para la ciudad todavía desconocido para muchos.